por Mumia Abu-Jamal
Me ha costado un poco de trabajo ver los recientes debates presidenciales. He visto muchos de ellos en años pasados, tantos que parecen un interminable espectáculo.
Promesas. Más promesas. Mentiras.
Al fin y al cabo, estos debates son ejercicios en relaciones públicas y manipulación masiva. Son instrumentos que los políticos utilizan para crear sus propias imágenes.
En realidad, los políticos no forman parte de la clase dominante; para los ricos y los super-ricos, son simplemente sirvientes.
Hubo un tiempo cuando la clase media estadounidense fue una clase protegida, mantenida al margen de las tormentas furiosas del capital internacional.
Ya no vivimos en aquel mundo, gracias al sistema de globalización.
Ahora la clase media estadounidense, con sus ventajas salariales y pensiones de jubilación, es redundante.
A la clase dominante global no le hace falta una clase media, porque no quiere que nada limite sus ganancias.
En eso estamos.
Y ninguna respuesta en ningún debate va a cambiarlo, especialmente cuando los candidatos ni siquiera mencionan el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TCLAN).
Desde la nación encarcelada, soy Mumia Abu-Jamal.

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