El movimiento Rastafari visto por Mumia Abu-Jamal

El movimiento Rastafari visto por Mumia Abu-Jamal:

Una búsqueda de libertad entre destrozos coloniales*

por carolina

El movimiento Rastafari es uno de los caminos espirituales examinados en el cuarto  libro de Mumia Abu-Jamal,  Faith of our Fathers: An Examination of the Spiritual Life of African and African-American People (La fe de nuestros antepasados: Un examen de la vida espiritual de los pueblos africanos y africano-americanos), publicado por la Africa World Press en el 2003.

En una sección titulada  “Dios-Hombre, Dios Negro”, él ve las raíces del movimiento como una búsqueda de libertad en un Jamaica colonial. También hay pasajes en todo el libro muy relevantes al movimiento Rastafari.

Antes de estar encarcelado en 1981 e injustamente condenado a muerte, supuestamente por el asesinato de un policía pero en realidad por su lucha social con el Movimiento de Liberación Negra, Mumia ya había conocido el pensamiento Rastafari a través de la música del reggae. Como periodista, había pasado 5 horas en un convivio con Bob Marley en Filadelfia en el tour de Survival en noviembre de 1979.

Su libro empieza en África. Dice Mumia que el continente, “ampliamente visto por arqueólogos como la cuna de la humanidad”, fue proyectado en Occidente, por lo menos durante 500 años,  como “la tierra de oscuridad”, cuyos habitantes necesitaban “salvación”. Y dicha “salvación justificaba la expansión colonial europea, la explotación, y la conquista de África durante siglos” (p. 2).

Al citar el axioma de Napoleón que “La religión es lo que evita que los pobres asesinen a los ricos”, Mumia afirma que la religión es “un fenómeno inherentemente conservador” (p. 73). Sin embargo le interesan los caminos espirituales elegidos por los africanos tanto en el continente como en la diáspora, para ayudarles sobrevivir y resistir la esclavitud y el colonialismo. Algunos han reinterpretado o africanizado la cristiandad, mientras otros  han creado nuevas religiones o ideologías. Pero en su fondo, todos han sido motivados por un profundo deseo y necesidad de libertad.

¿Y quién siente este deseo y necesidad más que el mismo Mumia? Ha estado encerrado durante casi 30 años bajo una constante amenaza de muerte precisamente por haber luchado por la libertad y justica para su pueblo y para un mundo mejor para todos. Cada día el Estado intenta destruirlo, y cada día él vive su vida como hombre libre. Por eso, me imagino que cuando estaba escribiendo este libro, se identificaba fuertemente con los varios grupos y movimientos que aquí describe.

Hace un rato estábamos hablando de los dreadlocks, y les comento que Mumia no era Rastafari pero le interesaba su filosofía. Sus dreadlocks probablemente tienen más que ver con su cercanía a la organización MOVE. Después de estar con los Panteras Negras y luego volverse periodista, él se acercó a esta organización en Filadelfia, un grupo anti-sistémica que practica un estilo de vida naturalista. Todos sus integrantes adoptan el apellido África y llevan el cabello en dreadlocks.

En su libro, Mumia destaca que la religión de los colonizadores europeos era muy ajena a la manera de pensar de los africanos. La tradición espiritual africana es muy de este mundo. Hay una constante interacción entre lo sagrado y lo secular.  También hay un profundo sentido del valor de la comunidad y una veneración de los antepasados.  Pero los misioneros llegaron con una religión que  enfatiza la culpa y el pecado original en un mundo donde la gente vive en temor a la cólera de Dios y al fuego del infierno.

En su libro, Mumia afirma que los lugares donde los misioneros europeos nunca tuvieron mucho éxito en imponer su religión, fueron precisamente las comunidades coptas en Egipto y el país de Etiopía, donde la iglesia ya había existido durante siglos.

Cabe señalar que durante toda la carrera por África  entre la década de 1880 y el comienzo de la Primera Guerra Mundial, cuando Inglaterra, Francia, Alemania, Portugal, Bélgica, España e Italia repartieron el continente entre sí, Etiopía nunca fue colonizaday logró mantener su independencia. Después, cuando Mussolini invadió a Etiopía en 1935, Haile Selassie I resistió la invasión.

Al hablar de la esclavitud en lo que ahora es Estados Unidos, dice Mumia que la cristiandad de los amos les enseñó a los esclavos a aceptar su opresión con el propósito de “crear esclavos obedientes” (p. 105).  En algunos casos, esto es lo que pasó.

Pero todos los esclavos no lo aceptaron tan fácilmente. Una ex esclava llamada Beverly Jones cuenta un acto de resistencia personal de un anciano que tenía alrededor de 100 años. Dice que el Tío Silas siempre iba a la iglesia y que un día llegó cuando el reverendo Johnson estaba predicando:

“El Tío Silas , sentado en primera fila se levantó y preguntó: ‘¿Nosotros los esclavos vamos a estar libres en el cielo?’ El predicador se detuvo y miró al Tío Silas como si quisiera matarlo…pero no le contestó. El Tío Silas gritó de nuevo: ‘¿Dios nos va a liberar cuando lleguemos al cielo?’ El viejo predicador blanco sacó su pañuelo para limpiarse el sudor de la cara: ‘Jesús dice vengan a mí todos que están  libres del pecado y les daré la salvación’.  ‘¿Nos va a dar libertad igual que salvación?’ insistió el Tío Silas….El predicador siguió predicando y no le hizo caso. Pero el Tío Silas no se sentó. Permaneció de pie y ésta fue la última vez que fue a la iglesia” (p 18).

Sobre este incidente, Mumia comenta: “…ésta es una forma de resistencia al opresivo statu quo, un sutil pero inconfundible ejemplo de la… irrelevancia de la fe de los amos con respecto a un asunto que ardía en lo más profundo de la consciencia del esclavo cada día de su cautiverio: la libertad” (p. 20). El erudito W.E.B. Dubois vio en la vida religiosa de los negros “la sacralización de la libertad” porque “pocos hombres han venerado la libertad, con la mitad de la fe incondicional que mostró el negro americano durante dos siglos” (p.20).

Además, miles de esclavos transformaron “una fe ajena y opresiva en una fuente de sustentamiento espiritual, psicológico y social”. En muchos casos esto ocurrió a través de los tambores, a través del canto.

Mumia explica que “Mientras los europeos intentaron re-crear Europa en las Américas, y sus formas de producción musical eran más imitativas que creativas, los africanos en las Américas… emplearon sus energías psíquicas y su inesperado genio en la producción de la música como un instrumento para ampliar, expresar y levantar su ánimo colectivo” (p. 138). Las condiciones de trabajo, los anhelos de amor y las protestas, eran temas de “la música sagrada negra, las canciones espirituales, que expresan esperanza en medio de graves injusticias” (p. 139). Estas canciones dieron lugar a los géneros del blues, jazz, soul, funk, R&B, rap y reggae, “donde los espíritus de África resurgen” y hay “una línea casi imperceptible entre lo sagrado y lo profano” (p. 140).

Las siguientes letras de una “espiritual”, dice Mumia,  llaman “a una transformación de las odiadas condiciones” de la esclavitud (p. 140):

La lluvia ya no caerá para mojarte, ¡aleluya!

El sol ya no brillará para quemarte.

No habrá tribulaciones.

No habrá latigazos.

No habrá malhechores en el Reino.

Solo regocijo en el Reino.

Claro, la segunda línea de la canción recordará a los amantes del reggae de la primera línea de otra famosa canción: “No sun will shine…” aunque en ella, Bob Marley lamenta la ausencia de la luz del sol en lugar de anhelar la ausencia de su  calor sobre la espalda. Pero el mensaje de las dos canciones es casi igual. Dice Marley “No chains around my feet, but I’m not free”, o no lleva cadenas en los pies, pero no está libre. Se encuentra en la cautividad y busca una dulce vida fuera de la confusión de la jungla de concreto.  Busca la libertad.

En muchos casos, la religión cristiana africanizada llevó a la gente a hacer actos muy atrevidos, como fue el caso de Harriet Tubman, quien liberó a cientos de esclavos a través del ferrocarril subterráneo. A pesar del desprecio a la mujer que contamina cada religión patriarcal, ella fue reconocida como “la Generala Moisés” de su pueblo. La religión también fue un fuerte factor en muchas rebeliones de esclavos incluyendo las de Nat Turner, Gabriel Prosser y Denmark Vesey en Estados Unidos, y las de Sam Sharpe, George Gordon y Paul Bogle en Jamaica.

El movimiento Rastafari nace en Jamaica colonial

Dice Mumia que en medio de una depresión mundial y el masivo descontento producido por los estragos del colonialismo, el estatus de los africanos en toda la diáspora fue de subordinación. Fue entonces cuando el movimiento Rastafari surgió en los barrios bajos de Kingston “a través de una convergencia de eventos y personalidades extraordinarias”. “La intuición, la política mundial, la percepción elevada por la ganja, la profecía religiosa y la esperanza” eran factores claves en la creación del movimiento, junto con la influencia del hijo predilecto de Jamaica Marcus Garvey, el emperador de Etiopía Haile Selassie I, y los predicadores populares jamaiquinos como Leonard Howell, Archibald Dunkley y Joseph Hibbert ( p. 77).

El nacionalista negro y pan-africanista Garvey afirmó que África era la Madre Tierra y la fuente de toda civilización. Se opuso al dominio colonial europeo de África y el Caribe. Fue reconocido y celebrado en Jamaica por su trabajo en fundar la Asociación Universal para el Mejoramiento del Negro (UNIA) en 1911, la cual se extendió a Estados Unidos en 1917 durante la Primera Gran Migración Negra del Sur al Norte del país, cuando el linchamiento de hombres negros fue común y varias comunidades negras estaban bajo ataque de turbas blancas. Sólo en el año 1919, dice Mumia en otro libro, hubo 26 explosiones de violencia contra los negros y dos años después, una turba blanca en Tulsa Oklahoma prendió fuego a la comunidad negra y la bombardeó.

Dentro de poco, el movimiento de Marcus Garvey atrajo a dos millones de seguidores entusiasmados con la idea de vivir libres de la dominación blanca en un lugar en África. Garvey fundó el exitoso periódico Negro World y pensó que sería importante establecer una iglesia también. Así que fundó la Iglesia Africana Ortodoxa, donde el lema era “Olvídense de los dioses blancos. Bórrenlos de sus corazones”. Dice Mumia que “esta enseñanza y la imagen de una Madona Negra con un Niño representaba un antídoto a la supremacía blanca de la iglesia euro-americana” (p. 65).

Cabe señalar que laUNIA todavía existe y la iglesia también. Hay pocas organizaciones que han existido tanto tiempo ––todo un siglo.Tal vez unos de ustedes saben que anoche, el 21 de septiembre de 2011 a las 11:08 pm EST,  el gobierno del estado de Georgia con el aval de la Suprema Corte de Estados Unidos, ejecutó a un hombre inocente que se llama Troy Anthony Davis. Un poco antes de su muerte, Troy envió un mensaje a todas las personas en el mundo que lo han apoyado. Dijo que les gustaría estar con todos, físicamente o espiritualmente para decirles: “Soy Troy Davis y soy libre”.  Anoche en Filadelfia, ahí estaban los integrantes de la UNIA, juntos con gente de MOVE, el comité de Mumia y otros grupos, protestando la ejecución hasta el último momento. Hubo protestas en muchas otras ciudades también mientras el estado llevaba a cabo el asesinato de Troy.

En los días de Marcus Garvey, el joven J. Edgar Hoover empezó su carrera con la tarea de vigilar y sofocar su movimiento. El futuro czar del FBI nunca se olvidó del poder convocatorio de Garvey y medio siglo después, cuando se dio un nuevo Movimiento de Liberación Negra, esta memoria lo llevó a hacer todo lo posible para impedir el ascenso de “un mesías negro”. Hoover encabezó una guerra de contrainsurgencia contra el Movimiento y especialmente contra el Partido Panteras Negras, la cual desgraciadamente tuvo bastante éxito y incluyó el asesinato de varios líderes claves como Malcolm X, Martin Luther King y Fred Hampton y el encarcelamientode cientos de activistas, entre otros, el autor de este libro.

En su libro, Mumia dice que los jamaiquinos consideraron a Garvey como “un profetaradical, cuyas palabras conmovieron los corazones y los espíritus de millones de personas”. La libertad del colonialismo siempre fue su gran ideal. La UNIA se ocupó de cada faceta de la vida de la comunidad negra ––“económica, cultural, social, política y religiosa, mientras denunciaba la religión cristiana tradicional como demasiado servil” (p. 78).

Marcus Garvey habló mucho de Etiopía para enfatizar la dignidad y grandeza de África, y para abogar por la auto-gestión y la auto-determinación de los africanos. Y Garvey no fue el primero en hablar de la herencia de Etiopía para ofrecer a los jamaiquinos la esperanza de liberarse de las cadenas del colonialismo.  Ya había existido desde 1783 la Iglesia Bautista Etíope, y su fe Afro-céntrica ya se había hecho parte de la religión popular en el país.

La tradición salomónica, que es central para los etíopes y para los rastafaris, se remonta a la visita de la Reina Makeda de Saba al palacio del Rey Solomón en Jerusalén en el Siglo X antes de Cristo.  El Kebra Nagast, Libro de la Gloria de los Reyes de Etiopía narra los detalles de la visita. En su libro Mumia cuenta la historia de cómo el Rey y la Reina se conocieron e hicieron el amor. Cuando la Reina regresó a su tierra, nació su hijo Menelik I. Al ser mayor de edad, Menelik I fue a Jerusalén y llevó el Arca de la Alianza a su país. Desde entonces, los etíopes se consideran a ellos mismos, y no a los judíos, como el pueblo elegido de Dios y con frecuencia, esto se interpreta a incluir a todos los africanos.

Miles de años después, dice Mumia “el efecto ha de haber sido psicológicamente eléctrico cuando en noviembre de 1930 el Príncipe Ras Tafari fue coronado Rey de la antigua monarquía, tomando el nombre de Haile Selassie I” (p. 79). Fue nombrado Rey de Reyes, Señor de los Señores, y León conquistador de la tribu de Judá, el descendiente directo de Menelik I y de la unión de la Reina Makeda y el Rey Solomón,  así cumpliendo varias profecías bíblicas y la profecía que Garvey hizo antes de salir de Jamaica en 1916:  “Miren  a África para la coronación de un rey negro, porque el día de la liberación está cerca” (p. 78).

Mumia sugiere que la Cristiandad etíope de los predicadores como Dunkley y Hibbert combinada con el creciente movimiento de Garvey “creó una sinergia psicológica que encontró expresión en el movimiento Rastafari, con Marcus Garvey como profeta y Haile Selassie como el dios viviente” (p. 79).  Y no sólo esto. El Dios Negro tenía un nombre sagrado: JAH. Salmos 68:4.  El imperativo para sus seguidores era glorificar su nombre por todo el globo, algo que ellos han hecho constantemente.

La música del reggae de artistas Rastafaris como Bob Marley ayudó en atraer a mucha gente al movimiento. Dice Mumia que ellos difundieron un pensamiento basado en la fe que los esclavos habían llevado desde África a pesar del dominio de la ajena cultura europea. “Los artistas quisieron aplicar verdades bíblicas a las verdades de sus condiciones reales en el mundo y pasar por la opresión a un estado de liberación, con el regreso a África, que fuera físico o psíquico, como un elemento central liberador” ( p. 86). Este movimiento de transformación espiritual y social tiene que ver conla liberación y la libertad en este mundo, donde la interacción entre lo secular y lo sagrado es constante y donde lo divino se encuentra dentro del ser humano.

*Presentación para el foro Rastreando el Reggae, ENAH, Septiembre 2011

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s