¿Cómo pudo suceder la masacre de Acteal? (Escrito por Mumia Abu-Jamal el 10 de enero de 1998)

A 15 años de Acteal“Hermanos y Hermanas,
¿Por qué?
¿Cuántos más?
¿Hasta cuándo?”
–Subcomandante Marcos
EZLN, Diciembre 97

La masacre brutal y premeditada de por lo menos 45 hombres, mujeres, niños y niñas indígenas unos días antes de la Navidad de1997 por paramilitares armados del PRI envió ondas de choque por la comunidad internacional. En una matanza de inocentes que duró más de cuatro horas, los priístas hicieron claro su intención malévola de atacar y deshabilitar la red de apoyo indígena del ejército zapatista.  Entonces, la masacre despiadada de 45 civiles tuvo un claro objetivo político expresado por el grupo paramilitar Máscara Roja: “Vamos a acabar con la semilla zapatista” (Nuevo Amanecer Press, 12/26/97). A la luz de esta declaración, los 45 hombres, mujeres, niños y niñas de San Pedro de Chenalhó no fue otra cosa que un medio para lograr un fin cobarde.

Nos preguntamos: ¿Qué es lo que hace posible tal cosa? Sin dirigirnos a esta cuestión ¿cómo podemos abordar las otras?

Durante más de 50 años, especialmente después del periodo nazi en Europa, los psicólogos han investigado este tipo de fenómeno destructivo.   Los reconocidos estudios de Milgram en 1963, por ejemplo, nos mostraron los límites de “obediencia destructiva”, en los cuales la llamada gente “normal” aplicaron descargas eléctricas a otras personas inocentes de hasta 450 voltíos, incluso niveles que decían “PELIGRO: CHOQUE ELÉCTRICO GRAVE,” simplemente porque unas figuras de autoridad les mandaron hacerlo. Un 65% obedecieron hasta el final, y en otros estudios de Milgram hubo cumplimiento de 90%.

Los investigadores H.C. Kelman y V.L. Hamilton desarrollaron el concepto de “masacres autorizadas”, para nada ajeno a la historia estadounidense ni la mundial: “En la historia estadounidense, la masacre de My Lai tuvo sus antecedentes en la guerra de Filipinas a finales del siglo XIX…, en las matanzas de los indígenas de Norteamérica …, en la ‘solución final’ de los nazis para judíos europeos, las masacres y deportaciones de los armenios por los turcos, la liquidación de los kulaks y las grandes purgas en la Unión Soviética, y, en tiempos recientes, las masacres en Indonesia y Bangla Desh, Biafra y Burundi, Sudáfrica y Mozambique, Camboya y Afganistán, Siria y Líbano.  (Psicología Política, N.J. Kressel, pag.223). En muchos de estos casos, encontramos la aprobación de masacres atroces a través de la autorización, la “rutinización” y la deshumanización.

La autorización ocurre cuando personas poderosas ordenan o permiten atrocidades para lograr sus fines políticos. La “rutinización” es el proceso interno en el cual conducta obviamente malévola, como asesinar a bebés, se vuelve rutinaria y aceptable según las autoridades. La deshumanización es el proceso social e ideológico en el cual un pueblo es proyectado, percibido y tratado como algo menos de un ser humano. Hemos visto la vigencia de estos procesos diabólicos a cada instancia histórica mencionada anteriormente.

Estos patrones prevalecen en Estados Unidos, donde la mera Declaración de la Independencia habla de los “despiadados salvajes indios” y donde en los primeros años de vida, niños y niñas han aprendido la frase: “El único indio bueno es el indio muerto”. Tal mentalidad hizo de la masacre del arroyo de Wounded Knee (Rodilla Herida, el 29 de diciembre de 1890) una inevitabilidad histórica.  Los mismos aspectos entraban en juego in Chiapas, donde los secuaces del estado atacaron al segmento más indefenso y menospreciado de la sociedad mexicana: los indios, los pueblos indígenas.

Durante siglos, ellos, como los africanos, han sido sujetados a la deshumanización, por lo cual en Chiapas no eran vistos como seres humanos plenos con derechos inherentes, sino como los instrumentos para utilizar en la guerra sucia del gobierno contra los zapatistas.

“¿Cuántos más?”, pregunta Marcos.  “¿Hasta cuándo?”, se pregunta.  La verdadera vergüenza es que no sabemos.

10 de enero de 1998

Derechos reservados  Mumia Abu-Jamal  1998

Traducción: kalo

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