Reflexiones sobre Malcolm X

Malcolm Xpor Mumia Abu-Jamal

(escrito en diciembre de 1992)

 

. . . Como el Dr. Martin Luther King, Malcolm X fue asesinado, pero aunque ‘América’ glorificaba a King, principalmente por su filosofía de no violencia, ignoraba o desprestigiaba a Malcolm X; su obituario trataba del lado oscuro, ignorando la brillantez de su vida, una fuerza que todavía arde en corazones negros treinta años después de su asesinato en la Ciudad de Nueva York.

El partido Panteras Negras se consideraba a sí mismo hijo de Malcolm. . . y heredó de sus enseñanzas uno de sus principios básicos, el derecho a la autodefensa.

Mientras la elevada y elocuente oratoria del Dr. King conmovía y motivaba a la congregación eclesial negra sureña, a las clases medias y altas y a los blancos liberales, predominantemente perteneciente a la intelectualidad judía, su mensaje no echaba raíces entre los trabajadores negros del entorno urbano del norte del país, un hecho señalado por su aide de camp el reverendo Ralph Abernathy, quien apuntó en su autobiografía que King encontró en Chicago el odio glacial de los blancos   la indiferencia de los negros, bordando el desastre.

Los negros que vivían en el norte preferían un mensaje más desafiante, de mayor enfrentamiento y militancia que el basado en ofrecer la otra mejilla, y Malcolm X se lo ofrecía de manera clara y sin concesiones. Su mensaje sobre la autodefensa de los negros y la autodeterminación de los afroamericanos fue considerado tanto por los musulmanes practicantes como por los no musulmanes algo lógico y razonable, dado el tratamiento poco cristiano que habían dado los estadounidenses al mundo negro, moreno, rojo y amarillo.

Los medios de comunicación, como predijo Malcolm, tratarían de homogeneizar, blanquear y  y distorsionar su mensaje. ¡Cuántas personas han leído un reciente artículo sobre él  donde se le describía como “líder de derechos civiles”, un término que él odiaba!

Los reportajes hablan del  “ablandamiento” de Malcolm hacia los blancos después de su pereginaje a la Meca, convenientemente ignorando que él continuaba  denunciando a los americanos blancos que seguían formando parte de un sistema racista que destroza la vida de los negros hasta la fecha. El Malik que regresó de su viaje a la Meca encontró entre los árabes de piel blanca y los europeos convertidos al islam una unidad que faltaba en Norteamérica. Tan enraizaba estaba el racismo en Norteamérica que Malcolm/Malik sintió la intrínseca diferencia con la que los dos pueblos de veían y se describían a sí mismos. Los árabes, al llamarse blancos, se referían simplemente al color de su piel; los estadounidenses se referían a algo diferente: “Ya saben lo que quieren decir cuando afirman que son blancos. ¡Quieren decir que son los jefes!” tronaba Malcolm.

Malcolm y el hombre que regresó de la Meca ––el Hajji Malik Shabazz––  fueron tanto el uno como el otro, el azote del racismo estadounidense al que calificaban de un mal contra la humanidad y contra el dios que lo había creado. Defendió los derechos humanos de la autodefensa y de autodeterminación y murió por ellos, no por unos “derechos civiles”, que como ha demostrado claramente la Suprema Corte, cambian día a día, caso a caso, gobierno a gobierno.

Desde el corredor de la muerte, soy Mumia Abu-Jamal

derechos reservados

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