La visita (1994)

LiveDeathRowcov1por Mumia Abu-Jamal

 (Texto escrito por Mumia Abu-Jamal en 1994 después de recibir una visita de su hija Samiyah (Goldii) y su esposa Wadiyah cuando él todavía se encontraba en el pasillo de la muerte. Lo reproducimos unos días después de que Goldii hizo su transición, a la edad de 36. Que descanse en libertad.)

En medio de la oscuridad, mi hija era como un rayo de luz. Pequeñita, con una voz como Minnie Mouse, esta hija de corazón había hecho por fin el largo viaje al oeste, a las entrañas de este infierno creado por el hombre, situado en el sur central de Pensilvania en medio de la nada.

Ella, como mis otros hijos e hijas era un bebé cuando me echaron a este infierno, y debido a sus pocos años y su sensibilidad, no la habían llevado en las visitas anteriores de la familia.

Irrumpió en la pequeña sala de visitas, con los ojos cafés encendidos de felicidad. Se paró sorprendida, mirando la barrera de cristal que se levantaba entre nosotros y rompió en lágrimas ante el arrogante intento del Estado de mantenernos aparte.

En milisegundos, la sorpresa y la tristeza se convirtieron en furia y sus pequeñas manos se hicieron puños que golpeaban la barrera de plexiglas; se estremeció y vibró, pero no se rompió.

–¡Rómpelo, rómpelo!– gritó.

Su madre, recuperada del shock, abrazó a Samiya y las dos empezaron a sollozar.

Mis ojos se llenaron de lágrimas.  Se me hizo un nudo en la garganta.

Sus palabras no pronunciadas resonaban en mi mente: ¿Por qué no podemos abrazarlo? ¿Por qué no podemos dar besos? ¿Por qué no puedo sentarme en sus piernas? ¿Por qué no le podemos tocar? ¿Por qué?”

Miré hacia otro lado para componerme.

Puse cara de tonto, me giré, la llamé por su nombre y le dije alguna tontería: –Pequeña, ¿Cómo puedes respirar con toda la nariz llena de mocos?

Entre el torrente de lágrimas, brilló una chispa como un amanecer, y no tardó en asomar en su cara una tímida sonrisa mientras decíamos lo que se nos ocurría.

Le recordé cómo ella solía abrazar a nuestro gato hasta casi ahogar al pobre animal, y las negativas de Samiyah pronto se convirtieron en risas.  Los tres platicamos sin ton ni son, mezclando lo serio con lo trivial y poco después la visita llegó a su fin.

Volvió a sonreír y me dijo un poema que solía recitarme por teléfono: Te quiero, te extraño y cuando te vea, ¡te voy a besar!

Los tres nos reímos y ellas se fueron.

Han pasado más de cinco años desde esa visita, pero la recuerdo como si hubiera sido hace una hora. Los golpes de sus pequeños puños contra esa fea barrera; su rabia instintiva contra ella, contra ese muro que el Estado levantaba entre nosotros para mantener la “seguridad”; sus lágrimas ardientes.

Me obsesionan.

Desde el pasillo de la muerte, soy Mumia Abu-Jamal

1994, todos los derechos reservados

Del libro, En vivo desde el pasillo de la muerte

Grabación y foto by Prison Radio

 

 

 

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Un pensamiento en “La visita (1994)

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